LA MAYORÍA Y LA RAZÓN

Por varios motivos, en el inicio de la singladura de este blog que estrenamos en la web, me ha parecido oportuno comenzar con un artículo dedicado a los sensores de oxígeno de los circuitos cerrados recicladores (CCR), cuya utilización en el buceo se ha generalizado. La cuestión objeto de este artículo se entiende ya conocida y no se trata tanto de aportar algún descubrimiento novedoso, como de darle un enfoque que subraye la importancia de ser más conservador tanto en su control como en su repuesto. Enfoque pensado además para quienes no estén familiarizados con los CCR, pero les interese acumular conocimientos sobre estas herramientas de buceo autónomo. Y finalmente, señalar en esta introducción, que aunque se trata de todos los CCR en general, los datos y documentación manejados han sido mayoritariamente los que se refieren a modelos de AP Diving y JJ CCR.

En términos generales, el sistema mediante el cual en los CCR electrónicos (e) se produce la inyección de oxígeno en el bucle, a través del solenoide, se basa en el consenso de las lecturas de los sensores o células. La mayoría –o casi todos—los CCRe, controlan la presión parcial del oxígeno (PpO) y su inyección, con tres células. Éstas, de forma continua envían sus lecturas al monitor, en forma de un valor numérico asignado a un determinado impulso eléctrico, que a su vez ha sido generado por la acción química del oxígeno en el componente específico del sensor. Por efecto de este proceso, la pantalla de nuestro monitor refleja un cambio continuo de los valores de cada célula; cambio que intenta reflejar al tiempo más real posible, el “valor” (traducido a presión parcial) del oxígeno en el cabezal (el lid, el “cerebro” del Rebreather). Estos valores no solamente son rápidos y variables, sino además independientes por cada sensor. Cuando la presión parcial del oxígeno (PpO) desciende de determinado valor fijado por el usuario de antemano, el electroimán del solenoide se abre y permite la inyección durante un tiempo (determinado automáticamente por el sistema operativo del CCR) de cierta cantidad de ese gas. Vale. Pero ¿Cómo determina el procesador si ha de inyectar o no, si en determinado momento, cada sensor ofrece casi necesariamente un valor distinto? Por ejemplo:

SENSOR 1: 1,29

SENSOR 2: 1,31

SENSOR 3: 1,28

En este supuesto, se producirá inyección (una fracción de segundo). La célula que muestra 1,31 será ignorada. Esto es así porque aunque las tres son consideradas como lecturas válidas (es decir, no hay “alertas” en el sistema), el controlador hace promedio de las dos lecturas más cercanas (1,28 y 1,29 están a 0,01 de “distancia”, mientras que 1,31 se encuentra a 0,03 y 0,02 de ambas, respectivamente)[1] El consenso (para considerar que hay que inyectar oxígeno) viene dado por la “opinión de la mayoría” ¿Y si la mayoría se equivoca? Es decir ¿Y si S1 y S3 ya no funcionan bien? La respuesta es obvia: se incrementará en exceso la PpO. Solamente cuando el rango de las células se desfase de forma notoria se producirá una alerta. En los modelos de JJ CCR, por ejemplo, se muestra iluminado en color naranja[2] el valor del sensor excluido. En los APD equipados con electrónica VISION, se mostraría un “aviso de célula” (además del parpadeo en el HUD). Ahora bien, esto no quiere decir que las células queden invalidadas. Otros modelos, como el SENTINEL de VR Technology, permiten que el usuario, mediante un procedimiento que, no obstante, no forma parte del protocolo de funcionamiento de la unidad, pueda –si así lo considera necesario y seguro—desactivar el sensor que considera inválido (ya estará bien seguro de lo que hace).

La mayoría puede equivocarse. El aviso, la alerta que envía el controlador, no se refiere en estos casos a un sensor en concreto. El sistema advierte que, pese a haber optado por la “decisión” de la “mayoría”, hay algo que “discrepa” y debe ser examinado. La falta de unanimidad debe ser “examinada” por el buzo. Y este examen no debería ser un simple vistazo de una fracción de segundo, sino detenerse, fijarse en las lecturas, percibir si hay o no inyecciones y comprobar la PpO. Esto no es mucho tiempo. Pero es “cierto” tiempo. Es dejar de hacer cosas y centrarse en comprobar el sistema. Lavar el circuito, pasar a abierto, comprobar qué células “leen” con más exactitud en función de la presión ambiental… todos esos mecanismos que conocemos de sobra y sobre los que no me extenderé, porque no es preciso. En resumen: Determinar de forma inequívoca si el problema está en la “opinión excluida” o en la “mayoría”… o en todos. Ante la duda, dicen los manuales (con razón): pasar a abierto. Ahora bien, no dicen –y solo alguna vez es necesario—pasar a abierto todo el tiempo restante de inmersión. Mejor conocer y resolver (si se puede) el problema, que tomar por costumbre y ante absolutamente todo, abortar la inmersión, salir en abierto… Aclarado qué es lo que no funciona y equilibrada la PpO, en la mayor parte de los casos (tirando o no de inyecciones manuales o apertura/cierre de botella), se puede volver al circuito cerrado. Pero la inmersión ya no debiera seguir alargándose más, naturalmente.

Vamos a arriesgar una afirmación: Mejor conocer y dominar el funcionamiento del circuito cerrado, que ir sobrecargado de botellas. Porque sinceramente, si a la menor burbuja que asome de un hinchador o el primer aviso (¡warning cell!) ya estamos continuando en abierto y/o abortando la inmersión, en mi opinión es preferible planificar en abierto y no complicarse usando CCR. Un “aviso célula” siempre es importante, pero no siempre igual de trascendente.

Y vamos a arriesgar otra: Mejor llevar células recientes, baterías en buen estado, el CCR revisado, calibrado y estanco, botellas llenas, así como absorbente de CO2 bien prensado y con abundante tiempo útil; que cargarse con todo el aparato de botellas necesarias para hacer exactamente la misma inmersión en abierto. Cargarse de trastos es cargarse de tareas, puntos de fallos, fatigas innecesarias y peor navegación.[3]  En los minutos previos a tirarse al agua, respirando de una unidad correctamente calibrada y chequeada pre-inmersión, aparecerán los fallos del sistema. Si no hay repuestos o no es posible repararlo in situ, todo el mal se reducirá, entonces, a quedarnos en el barco a tomar el sol.

Un fabricante como AP Diving, recomienda sustituir los sensores, de forma alternativa, cada seis meses. Es decir: nada de esperar al “aviso” del ordenador. Los sensores son elementos “vivos” (un término que se podría traducir por “variables”, “alterables” o “sensibles”) que pueden dejar de hacer su función correctamente mucho antes de llegar al final teórico de su vida útil. Aunque tengan una garantía de 12 meses y una vida teórica que ronda los 18; pueden perfectamente comenzar a “chochear” a los pocos meses de comenzar su trabajo. Por lo que sus “opiniones” pueden, sencillamente, carecer de fundamento.

Otra afirmación más, para seguir arriesgando conceptos: No esperar al warning cell. Sustituir –al menos—como indica el fabricante.

Y al hilo de lo anterior, en mi opinión, creo que aunque sea incrementar el presupuesto de mantenimiento, lo mejor es sustituir todas las células a la vez. Y hacerlo al comienzo de la temporada de uso regular del CCR. Y si se usa regularmente todo el año (tomando como “temporada” el año natural, por ejemplo), a los seis meses cambiar las tres. Si –como es en muchos casos—no se usa regularmente todo el año, sino que se comienza a cierta altura del año y se termina, por ejemplo, al final del otoño; puede ser suficiente con un cambio anual (por ejemplo: tres células nuevas en febrero/marzo, que trabajarán hasta octubre/noviembre). En fin, hay que considerar que el CCR puede estar durante largos periodos parado. No tiene sentido estar cambiando sensores en un aparato que no se utiliza.

El sistema de tres sensores dando sus valores (opiniones) independientemente, para que el controlador decida en función de la coincidencia o proximidad de dos de ellas; es el sistema más racional por el que se puede optar. Con dos sensores, tendríamos dos discursos siempre diferentes, siempre al 50%… el controlador nunca sabría quién miente. Pasar de tres, es un incremento irracional del gasto, el espacio y el mantenimiento: Cuatro, viene a ser lo mismo o peor, pero dividido en “bandos”. Cinco: el cabezal y la carcasa serán el doble de tamaño, el presupuesto por las nubes, los cables y conexiones siempre en arreglos… y al final, opiniones de 3 a 2 viene siendo igual que de 2 a 1 (un tercio de las opciones están en minoría).

Puede que, en ocasiones, la mayoría no tenga razón. Pero finalmente, la decisión –el control final por así decirlo– debe ser siempre de la persona, que deberá tener en cuenta tanto la “coincidencia” como la “discrepancia”.

[1] Ver, por ejemplo: Manual de Instrucciones del usuario, de AP Diving, Versión 05/05, Autor Martín Parker, Febrero 2005, p. 33

[2] Manual de Instrucciones JJ-CCR Rebreather; Versión 2.10/ Revisión 00; 2010, p. 32

[3] Lo dicho, debe entenderse sin perjuicio de que a su vez sea una buena idea, adoptada por numerosos buzos, la de portar como respeto una botella como la clásica S40, con el mismo o compatible gas de fondo. En todo caso, en una inmersión realizada sobre la curva de seguridad, las botellas de tres litros de la unidad (llenas, naturalmente) son suficientes para garantizar la salida en abierto (o semicerrado, que puede resultar en muchos casos igual de efectivo) en caso necesario. Con las de dos litros, aunque un poco más “escasas” a estos efectos, si la profundidad no se sale de rangos habituales en buceo deportivo y están llenas, tampoco debiera haber problema. No debemos perder de vista tampoco, que la botella de oxígeno, a 6 metros, puede ser utilizada mediante el lavado oportuno del circuito, en circuito semicerrado si así se requiere (naturalmente siempre que se pueda respirar por la tráquea del CCR)

2 comentarios sobre “LA MAYORÍA Y LA RAZÓN

  1. Hola.
    Como en muchas otras cosas, esxisten muchas opiniones en relación al recambio de las células. Tú abogas por cambiarlas las tres a la vez en vez de una cada 6 meses. Quienes prefieren en rotación defienden que así evitan tener todas la suerte células del mismo lote por lo de los errores de fabricación y la linealidad de las mismas. Me gustaría conocer las razones para cambiarlas todas a la vez en el caso de bucear todo el año y no por temporadas.
    Un abrazo.

  2. Buenas tardes Aurelio. Gracias por tu amable comentario y por tus aportaciones. La sustitución de forma regular y alternativa de cada uno de los sensores de oxígeno, es la manera racional y razonable de poner en relación los aspectos de seguridad, aprovechamiento y economía. De esa forma se asegura la sustitución completa sin sobrepasar en ningún caso los dieciocho meses de uso y, a su vez, que la media de servicio de las células se sitúe en doce meses. Esto naturalmente dando por hecho que todas funcionen con normalidad y respondiendo a sus expectativas de vida útil.

    La idea principal de ese método reside, en mi opinión, en que cuanto más reciente es un sensor (tanto desde su fabricación como su uso), más seguridad aporta. Por mi parte, creo que la vida útil de los sensores de oxígeno está sobrevalorada y que, de alguna manera, se ha puesto en relación con el plazo de su garantía comercial. Así como los dieciocho meses, a los que se estima que pueden llegar (y de hecho algunas llegan), en el fondo me parece una simple “esperanza de vida”, tan sujeta a tantas variables, que no pasa de ser eso: una esperanza. Puesto que no poseo los suficientes datos ni conocimientos técnicos, no puedo pronunciarme de una forma más fundamentada y objetiva respecto a la calidad y base tecnológica de lo sensores actualmente en servicio. Es por tanto una opinión subjetiva basada en la experiencia y la percepción, que no puede conocer todos los planos de la realidad. Por consiguiente, en base a esa relación directa que los propios fabricantes establecen entre “reciente” y “seguro” y, como ya he dicho, a mi valoración particular sobre las capacidades técnicas de los sensores actualmente en uso en el mercado; prefiero la sustitución de los tres al mismo tiempo, reduciendo la media de servicio a seis meses, en detrimento del aprovechamiento y la economía. Aunque se sustituyan de forma simultánea, eso no quiere decir que necesariamente deban tener la misma fecha de fabricación, pero una diferencia de un mes o dos (por efecto de la tenencia en repuesto, por ejemplo) no alteran sustancialmente la fórmula.

    El sistema de rotación se entiende comúnmente aceptado. Al mismo tiempo, un fabricante de Rebreather (CCR), como es AP Diving, de forma rotunda propone el cambio de los tres sensores, si cualquiera de ellos rehúsa mostrar la lectura por encima del Setpoint , cuando los tres tienen el mismo tiempo de uso. El fallo de uno arrastra al resto. Si el fallo se produce antes de seis meses, habrá que adelantarse al cambio previsto. Es de poca relevancia si el uso del CCR es continuado o por temporadas. La idea es: A los seis meses, sustitución de los tres sensores. Si no se usa el CCR durante ciertos meses al año, continuados y conocidos, la diferencia está en que ese tiempo no contaría y, en la práctica, habrían pasado más de seis meses. Sustituyendo por rotación, a veces también ocurre que hay que cambiar –por fallo—la que no le correspondía por turno. Y luego la del turno, claro.

    AP Diving expresamente indica que a partir de largos tiempos de uso (entiendo entre doce y dieciocho meses), es cuando se debe prestar especial atención a la linealidad de las células , asegurándose el usuario de que son capaces de alcanzar sin problemas el setpoint de trabajo (el alto, se entiende). Encuentro sumamente interesante tu punto de vista sobre los factores de linealidad y posibles defectos de las células, en unidades fabricadas al mismo tiempo y montadas simultáneamente en el CCR. A los efectos de la sustitución simultánea de la que hablamos, linealidad y defectos son elementos indirectos respecto a los protocolos de sustitución y, en todo caso, de efecto neutro. Es decir, que sus variables pueden operar indistintamente ya sustituyas por turno o de golpe los sensores.

    La linealidad comprobada en la propia unidad por el usuario (recomendable periódicamente), nos informa a través de las variaciones en sus rangos, de qué célula o células están llegando (o han llegado ya) al final de su vida útil, cuando no son capaces de “sostener” (a botella cerrada) la presión parcial de oxígeno (PpO) al mismo valor que la presión ambiente o al de una atmósfera. Siguiendo el supuesto, daremos por hecho que los tres sensores –a los que hay que suponer un comportamiento idéntico por haber “nacido” al mismo tiempo con iguales componentes—se comportan con la misma identidad a la hora de fallar. Es factible. Pero esto mismo también puede pasar con sensores de distintas fechas y cambios. Por ello mismo sabemos que, además de la homogeneidad de las lecturas, debemos estar atentos a otros datos, como la velocidad de reacción de las células, o los comportamientos del solenoide descendiendo/ascendiendo/en el fondo, etc. En la práctica, yo no he visto comportamientos absolutamente idénticos en células de la misma fecha. Y, en todo caso, seguro que este “trío” no pasaría la prueba de linealidad. Si hace menos de seis meses que las hemos cambiado y se puede constatar que están defectuosas, no perderemos el dinero ya que están en garantía.

    Espero no haberme extendido demasiado. Me ha parecido muy sugerente tu comentario y creo que bien merece ampliar la conversación. Un cordial saludo

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